Antiguo Proverbio.(El mismo que en la entrada anterior, pero en latin)
La figura que levitaba sobre nosotros, descendió casi como un ángel. Podría decirse que se asemejaba bastante a uno. Sus facciones eran las de un Adonis, su cuerpo parecía tallado y su manera de descender. Digna del hijo de un héroe… ¿en que estás pensando Emina?, si me debía guiar por la primera impresión habría dicho que James Adamson era el hombre perfecto…mas tarde me daría cuenta que no.
-Por si no escucharon la primera vez –dijo James acercándose al micrófono. –A ver si van abandonando el cementerio, quiero despedir lo que queda de mi padre.
-Jimmy, estamos honrando la memoria de tu padre –dijo el tipo vestido de león que se hacia llamar Brave.
-Brave, por favor desaloja a esta gente o empiezo a tirar rayos por los ojos…
-Está hablando enserio –gritó Brave a la concurrencia. –Se acabó acá, por favor vayan hacia las salidas.
Solo se escuchaban murmullos, voces que hablaban por lo bajo, quejas ridículas y aunque no parezca correcto insultos hacia el hijo prodigo que había llegado para cagar el funeral.
-Precoz, ya oíste…Precoz… –alcanzó a decir Emina.
-¡Hey, man! Tu viejo, fue un grande. No se merece que vengas a cagarla de esta manera.
-¿Sos de Legión, no? Si no fuera por ustedes “mi viejo” estaría vivo.
-A American Man lo mató un Psicópata. Le pudo haber tocado a cualquiera.
-Incluso a ti “rojito”, y psicópatas sobramos en este mundo…
-¿Me estás amenazando?
-¿Qué te parece?
-¡Basta, Jean Paul! –gritó Kabalah y se lo llevo arrastrando de un brazo.
-Eh, Simón, pará, ¿no ves que me está desafiando? –balbuceo Precoz.
-No sabés ubicarte, flaco. Si no te pegaba el, lo iba a hacer yo (de nuevo) nos vamos.
Era de día aun, los enlutados se marchaban como una caravana de hormigas (ni negras, ni rojas. Multicolor), sus siluetas se perdian en el horizonte. Solo quedaban Jimmy, el cadáver de su padre y cientos o quizas miles de cadáveres en estado de descomposición (y algun que otro cuidador. después de todo es un cementerio).
Solo uno de los asistentes permaneció inmutable junto al cajón. Su nombre Arthur Thompson. Su historia patética, pero no nos detendremos en ella ahora. Solo digamos que se había convertido en superhéroe por una mala jugada del destino. Se hacia llamar Brave y vestía un traje como de león, pero que lamentablemente ya no infundía miedo alguno (si alguna vez lo había hecho en realidad).
-Jimmy, me alegro que hayas venido –dijo Arthur.
-Tenia que cerrar un círculo. Si no, ¿Qué iban a decir de mí después?
-Nadie iba a decir nada.
-Mas allá de las diferencias que tenia con este viejo cabrón. Lo quería. El nunca me entendió. Su pensamiento conservador y toda esa mierda de preservar el modo de vida americano.
-Era un discurso... El también te quería, y mucho. No paraba de decirlo cada vez que nos emborrachábamos.
-Solo ebrio podía decirlo…
-Estaba orgulloso de ti Jimmy.
-Nunca lo demostró Arthur, y lo sabes.
-Es lo que le metieron en la cabeza desde el gobierno: “Preservar el modo de vida americano, el que hizo grande a esta nación” y toda esa mierda de la posguerra. No puedes culparlo.
-Antes que ser mi padre prefirió ser el héroe de la nación. Si puedo culparlo y cuando murió mamá…ya sabes.
-Si. Quedó tocado, pero bueno te tenía a ti.
-El me tenia a mi, pero yo no lo tenia a el. Nunca fue un padre normal. Nunca un partido de béisbol juntos, nunca un regalo de cumpleaños. Ni una puta navidad en paz. Siempre estaba el trabajo antes.
-Fuiste su “sidekick”, eso lo ponía muy orgulloso y además pasaban tiempo juntos.
-Si accedí a ser American Boy, solo fue para demostrarle que esta mierda de ser superhéroe no iba conmigo y me parece que quedó bien claro ¿no?
-Jim. Puedes creerme o seguir con tu equivocada idea de que tu padre era un hijo de puta, pero voy a decirte lo que el nunca te dijo. El estaba orgulloso de ti, te amaba y te aceptaba tal cual eras. Le hubiera gustado que el legado quedara en tus manos, pero nunca te hubiera obligado y con respecto a lo otro…ya lo había aceptado.
-Arthur…necesito estar solo.
-Bien –Brave caminó embutido en su ridículo traje de león tratando de seguir el sendero que habían dejado los otros que se habían marchado un rato atrás.
James S. Adamson se arrodilló junto al cajón y le dio unos golpecitos, sus ojos se empañaron. De su billetera sacó una vieja foto de el junto a su padre. Robert vestía su clásico traje azul de American Man y un Jim de once años una replica del traje de su padre.
-¿Era lo que hubieras querido? –le espetó Jim a la foto mientras miraba los ojos de un Robert Adamson de cuarenta y tantos años que sonreía para la cámara. – ¿no podías morir como el resto de los viejos? ¿No podías morir de un ataque al corazón mientras dormías? –le recriminó.
-No. No podía –dijo una voz a sus espaldas.
-¿Quién mierda…?
-Olej Protasov. También conocido como Capitán Soviet.
-¿No puede uno despedirse de su padre en paz?
-Tu padre. Aunque me de rabia admitirlo, fue un verdadero héroe. Una inspiración para varias generaciones y aunque siempre estuvimos en bandos diferentes a el le debo esta cadera de platino y unas cuantas cicatrices, pero también le debo la vida, le debo dos vidas, pero de seguro ya estarás harto de escuchar de cómo tu padre le salvó la vida a alguien…
Seré breve. Tienes dones por los cuales cualquier mortal mataría por tener. Puedes meterlo adentro del placard junto a todo aquello que te da vergüenza de ti, o sacarlos y concluir lo que tu padre comenzó.
-Se puede retirar Capitán “Ex Soviética” –amenazó.
-Para ser un héroe hay que morir como tal y tu padre lo hizo. Vivió como uno, murió como uno y así será recordado ¿Cómo quieres ser recordado tú, James?
-Shhhhhhh…
-La Legión está buscando gente…cualquier cosa me avisas.
Olej se marchó despacio, rengueando. Jim se dio vuelta para mirarlo. Sabía bien quien era “El cerdo comunista”, su padre no paraba de hablar de “el Soviético que amenazaba con acabar con el estilo de vida americano”. No sonaba amenazante. Sonaba frágil, melancólico y cansado. Sin duda el tiempo de los héroes de la “edad dorada” agonizaba.
En un bar a en el centro de la ciudad…
-¿Qué van a ordenar? –preguntó el mozo.
-Vino Kosher –pidió Kabalah.
-Me temo que no hay…
-Agua entonces.
-Red Bull para mi –ordenó Precoz.
-Un Vodka.
-Que sean dos –agregó Mig al pedido de su padre.
-Para nozotroz zerveza –dijo González.
-¿Señoritas? –inquirió el mozo.
-Mmmmm…Milkshake, no mejor licuado –pidió Emina.
-Nada –gruñó Shonen Doll.
-Y bien. ¿Que se supone que vamos a hacer ahora? –pregunto Olej.
-Muerto Ostrander, se acabó Legión y “ese pacto” –dijo Kabalah.
-¿Qué pacto? –preguntaron los otros casi a coro.
-No importa –continuó Kabalah. –Ese “Vamos a hacer ahora” que dijo Olej nos pone a todos a la misma altura. Yo voto por seguir con Legión.
-¿Voz no te queriaz volver a Argentina? –le preguntó González asombrado.
-Si, pero después de ver a Samuel hoy en le funeral y el grupo que se armó, me parece que yo ya estoy para hacer la mía. Y sácate la mascara para hablar que seseas.
-Yo también me quedo –dijo Precoz.
-Zi, yo también –dijo González.
-No tengo otro lugar a donde ir –contestó Emina.
-El resto asintió con la cabeza, se oyeron varios murmullos, todos con una respuesta positiva.
-¿Brave? –preguntó Olej.
-¿Qué?
-Si querrías ser parte. No quiero ser el único viejo.
-Será un placer –contesto el viejo león.
-¡Bueno estamos todos de acuerdo en que La Legión del KAOS sigue en funcionamiento, propongo un brindis por esto y por la memoria de Robert! –exclamó Olej.
Las copas, vasos y jarros chocaron entre si. Se había fundado una nueva Legión del KAOS.
-A propósito ¿alguno sabe a que viene esto de KAOS?
-¿De caos, o chaos en inglés? –dijo alguien en la mesa.
-Kupperberg. Adamson. Ostrander. Silverberg. Los fundadores. A los que les debemos estar aquí hoy.
Los vasos volvieron a chocarse.
-Escuché por ahí que están buscando miembros… –dijo una voz que provenía de una silueta angelical apoyada en el marco de la puerta.
Fin…Ahora si.
